lunes, 14 de diciembre de 2020

Atrapada en Navidad parte 4


Kenzie se encontró mordiendo su labio inferior con fuerza y sintiendo una extraña calidez en su cuerpo, que se intensificó al sur.

Gabriel, por su parte, recorrió rápidamente el cuerpo esbelto de Mack, descubriendo que sus pechos eran más grandes de lo que recordaba. Sobresalían en el escote profundo que marcaba el vestido floreado que llevaba puesto. Pudo haberse operado, pensó. Y sin duda el deseo de descubrirlo de primera mano bulló en su interior.

—¿Te apetece una piña colada? —bromeó.

—No tengo más que de estos —señaló ella, tirando de la tela del vestido.

—Eso está bien —se aclaró la garganta al final, afectado todavía por el perfecto escote que ofrecía aquel modelito—. En casa hay calefacción y también una chimenea. Mientras nos mantengamos dentro… —profirió, tragando un grueso nudo en su garganta. ¡Dentro! Quería estar dentro de ella con una necesidad tan carnal que olvidó por un instante que la mujer que tenía delante jamás lo vería de esa forma.

—Gracias por todo, Gabriel. Soy consciente de que  soy la última persona que querrías traer aquí. Fui una completa perra en la secundaria —La vergüenza se marcó en sus mejillas al instante que sus ojos coincidieron con los de Gabriel. Algo extraño en ella, Mackenzie Hilmore jamás se amilanaba ante nadie.

—Sí, bueno. ¿Quién no hizo estupideces a esa edad? —dijo él, restándole importancia. Agregando además esa sonrisa que provocaba cosquillas en el estómago de Kenzie.

—Lo siento, de verdad. Dejé de ser esa chica hace muchos años —se excusó.

—Todos cambiamos —murmuró él bajando la cabeza. No supo por qué los ojos marrones de Mack lo intimidaron de esa forma. Tenía mucho tiempo sin sentirse vulnerable y odiaba que aquel sentimiento volviera a abordarlo—. Mi familia está ansiosa por conocerte, Amy no ha parado de hablar de ti. ¿Vamos?

—Eh, sí. Solo tengo que… el maquillaje y eso —balbuceó nerviosa.

—Entiendo. Te esperaré en el pasillo —dijo y salió enseguida.

Kenzie se dejó caer en el colchón sin entender porqué el corazón le latía tan deprisa. Ella no podía sentirse atraída por Gabriel, se reprochaba, pero sin duda eso no era algo que pudiera controlar con simples palabras.

Diez minutos después, estaba siendo abrazada por cada uno de los integrantes de la familia Archer. Los abuelos, padres, primos y hermanos de Gabriel, todos y cada uno la saludaron efusivamente y con una sonrisa animosa. Kenzie no estaba acostumbrada a aquellas demostraciones de afecto. Sus padres no eran muy demostrativos ni elocuentes. Un halago era sinónimo a un te quiero, así de simple. Ashely y ella eran otra cosa, su hermana era su mejor amiga y la única de los Hilmore que la abrazaba y le decía te amo sin reservas. Aquel pensamiento la llenó de nostalgia y lamentó no aceptar la oferta de su hermana de pasar la navidad con ella.

Gabriel no podía quitar los ojos de encima de Mack. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se sintió atraído por una mujer diferente a su ex novia Tanía, quien le rompió el corazón seis meses atrás. Se sentía frustrado de que fuera precisamente ella la que despertara sus emociones dormidas. No estaba listo para recibir otro rechazo y mucho menos de la misma chica que lo tomó como el blanco de sus burlas. Aunque ¿no se había disculpado minutos antes por su comportamiento? Gabriel pensó que era momento de olvidar todo aquello y comenzar de cero.

Kenzie estaba cerca de la chimenea, con una gran taza de chocolate caliente entre sus manos, mientras los familiares de Gabriel entonaban villancicos navideños sentados en el sofá. Sin mucho disimulo, hizo un recorrido visual de los portarretratos que reposaban sobre el borde de la chimenea. En uno, estaba Gabriel luciendo toga y birrete el día de su graduación. En el fondo, se dejaba ver el logo de Yale.

—Siento no haberte advertido —susurró Gabriel detrás de ella, provocando con su aliento cálido que los vellos de su nuca se erizaran.

—Tienes una hermosa familia, Gabriel —lo dijo manteniendo la mirada hacia las fotografías, no se atrevía a chocar con sus ojos y terminar ruborizada.

—No mientas, Mack. Están todos chiflados —bromeó—. Aunque esto no te queda mal—dijo, tocando la pompa blanca del gorro de navidad que, insistentemente, su madre Ruthie le instó a ponerse.

Finalmente, Kenzie se atrevió a mirarlo y lo que encontró en aquellas pupilas verdes grisáceas le hizo hervir la piel de una forma que ni el hombre que un día fue su esposo logró. Eso le hizo cuestionarse la verdadera razón por la que se casó con Dave. Quizás siempre estuvo deslumbrada por su encanto y el estatus social que él proveía, pero no había más que eso. 


1 comentario:

  1. Es posible que eso haya pasado pero me gustaría mucho que ella se de la oportunidad de en realidad conocer el amor

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Sobre mi

AutoraSoy escritora de romance desde 2015 y me alegra mucho que estés aquí.
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