Atrapada en Navidad parte 4
Kenzie se
encontró mordiendo su labio inferior con fuerza y sintiendo una extraña calidez
en su cuerpo, que se intensificó al sur.
Gabriel, por
su parte, recorrió rápidamente el cuerpo esbelto de Mack, descubriendo que sus
pechos eran más grandes de lo que recordaba. Sobresalían en el escote profundo
que marcaba el vestido floreado que llevaba puesto. Pudo haberse operado, pensó. Y sin duda el deseo de descubrirlo de
primera mano bulló en su interior.
—¿Te apetece
una piña colada? —bromeó.
—No tengo
más que de estos —señaló ella, tirando de la tela del vestido.
—Eso está
bien —se aclaró la garganta al final, afectado todavía por el perfecto escote
que ofrecía aquel modelito—. En casa hay calefacción y también una chimenea.
Mientras nos mantengamos dentro… —profirió, tragando un grueso nudo en su
garganta. ¡Dentro! Quería estar dentro de ella con una necesidad tan carnal que
olvidó por un instante que la mujer que tenía delante jamás lo vería de esa
forma.
—Gracias por
todo, Gabriel. Soy consciente de que soy
la última persona que querrías traer aquí. Fui una completa perra en la
secundaria —La vergüenza se marcó en sus mejillas al instante que sus ojos
coincidieron con los de Gabriel. Algo extraño en ella, Mackenzie Hilmore jamás
se amilanaba ante nadie.
—Sí, bueno.
¿Quién no hizo estupideces a esa edad? —dijo él, restándole importancia.
Agregando además esa sonrisa que provocaba cosquillas en el estómago de Kenzie.
—Lo siento,
de verdad. Dejé de ser esa chica hace muchos años —se excusó.
—Todos cambiamos
—murmuró él bajando la cabeza. No supo por qué los ojos marrones de Mack lo
intimidaron de esa forma. Tenía mucho tiempo sin sentirse vulnerable y odiaba
que aquel sentimiento volviera a abordarlo—. Mi familia está ansiosa por
conocerte, Amy no ha parado de hablar de ti. ¿Vamos?
—Eh, sí.
Solo tengo que… el maquillaje y eso —balbuceó nerviosa.
—Entiendo.
Te esperaré en el pasillo —dijo y salió enseguida.
Kenzie se
dejó caer en el colchón sin entender porqué el corazón le latía tan deprisa.
Ella no podía sentirse atraída por Gabriel, se reprochaba, pero sin duda eso no
era algo que pudiera controlar con simples palabras.
Diez minutos
después, estaba siendo abrazada por cada uno de los integrantes de la familia
Archer. Los abuelos, padres, primos y hermanos de Gabriel, todos y cada uno la
saludaron efusivamente y con una sonrisa animosa. Kenzie no estaba acostumbrada
a aquellas demostraciones de afecto. Sus padres no eran muy demostrativos ni
elocuentes. Un halago era sinónimo a un te quiero, así de simple. Ashely y ella
eran otra cosa, su hermana era su mejor amiga y la única de los Hilmore que la
abrazaba y le decía te amo sin reservas. Aquel pensamiento la llenó de
nostalgia y lamentó no aceptar la oferta de su hermana de pasar la navidad con
ella.
Gabriel no
podía quitar los ojos de encima de Mack. Había pasado mucho tiempo desde la
última vez que se sintió atraído por una mujer diferente a su ex novia Tanía,
quien le rompió el corazón seis meses atrás. Se sentía frustrado de que fuera
precisamente ella la que despertara sus emociones dormidas. No estaba listo
para recibir otro rechazo y mucho menos de la misma chica que lo tomó como el
blanco de sus burlas. Aunque ¿no se había disculpado minutos antes por su
comportamiento? Gabriel pensó que era momento de olvidar todo aquello y
comenzar de cero.
Kenzie
estaba cerca de la chimenea, con una gran taza de chocolate caliente entre sus
manos, mientras los familiares de Gabriel entonaban villancicos navideños
sentados en el sofá. Sin mucho disimulo, hizo un recorrido visual de los
portarretratos que reposaban sobre el borde de la chimenea. En uno, estaba
Gabriel luciendo toga y birrete el día de su graduación. En el fondo, se dejaba
ver el logo de Yale.
—Siento no
haberte advertido —susurró Gabriel detrás de ella, provocando con su aliento
cálido que los vellos de su nuca se erizaran.
—Tienes una
hermosa familia, Gabriel —lo dijo manteniendo la mirada hacia las fotografías,
no se atrevía a chocar con sus ojos y terminar ruborizada.
—No mientas,
Mack. Están todos chiflados —bromeó—. Aunque esto no te queda mal—dijo, tocando
la pompa blanca del gorro de navidad que, insistentemente, su madre Ruthie le
instó a ponerse.
Finalmente,
Kenzie se atrevió a mirarlo y lo que encontró en aquellas pupilas verdes grisáceas
le hizo hervir la piel de una forma que ni el hombre que un día fue su esposo
logró. Eso le hizo cuestionarse la verdadera razón por la que se casó con Dave.
Quizás siempre estuvo deslumbrada por su encanto y el estatus social que él
proveía, pero no había más que eso.






Es posible que eso haya pasado pero me gustaría mucho que ella se de la oportunidad de en realidad conocer el amor
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