jueves, 11 de noviembre de 2021

noviembre 11, 2021

¿Y qué si lo hicieras?

 


¿Y qué si lo hicieras? Es un relato corto que escribí para una antología y quiero compartirla con ustedes. Añadiré contenido nuevo. 
¿Me acompañas?

Publicaré un capítulo diario. Recuerda dejar tus comentarios


Sinopsis

Claire Hall ha vivido desde que pequeña en la fría ciudad de Eau Claire, Wisconsin. Por eso, cuando recibe una invitación para un fin de semana en las Bahamas –con todos los gastos pagos–, no hay forma en el mundo que pueda rechazarlo. Pero pronto descubre que la invitación de su prima Ashlee a la isla paradisíaca no era solo para asistir a su boda. ¿Qué oculta Ashlee?, ¿se saldrá con la suya? 


Lista de capítulos

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8



sábado, 24 de julio de 2021

julio 24, 2021

A Solas Contigo, libro 2





A Solas Contigo, libro 2

La esperada continuación de A Solas Contigo ya está a la venta. 




Sinopsis

Evelyn había logrado salir adelante y amar de nuevo a pesar del dolor, encontró en Nathan todo lo que creyó que no volvería a tener nunca. Pero, cuando un secreto inimaginable sale a la luz, su mundo vuelve a quedar hecho pedazos, derrumbando lo que pensaba sería su “para siempre”.

Nathan luchó duro por sepultar sus sentimientos por Evelyn, pero el amor dominó su razón y eligió pagar el precio de estar a su lado, sin saber que, aquello que con tanto recelo había ocultado, pronto lo alcanzaría, acabando con lo que había construido junto a ella. 

¿Quedará espacio para el perdón a pesar de la verdad?  ¿Podrán recuperar lo que perdieron ante las consecuencias de sus decisiones?  


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miércoles, 24 de marzo de 2021

marzo 24, 2021

Libros en papel en México y Chile


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Incluye dedicatoria personalizada y marca páginas.  Puedes pedir el tuyo en la página oficial de la editorial 

Sinopsis

Laurel Moore es una abogada exitosa, decidida y tenaz. La vida le ha enseñado a no confiar en nadie, mucho menos en los hombres.


El Juez Mark Pierce es atractivo, seguro de sí mismo e irresistiblemente seductor. Conquistar a una mujer nunca fue un problema, hasta que conoció a la irreverente Laurel Moore.

El destino de Mark y Laurel se unirá de forma inesperada y los obligará a replantear sus planes y su futuro, dando lugar a una contienda en la que ninguno quiere resultar perdedor.

¿Podrá Mark derribar los muros de la desconfianza que construyó Laurel a su alrededor y ganarse su corazón?

¿Estará ella dispuesta a concederle El Beneficio de la Duda?


jueves, 7 de enero de 2021

enero 07, 2021

Nueva Portada para A Solas Contigo

 Hola, antes que nada, quiero desearles un feliz comienzo de año 2021, esperando que traiga cosas nuevas a pesar de las adversidades. Mantener la fe y la esperanza nos ayudará a a salir adelante.

Luego de saludarles, les comparto esta noticia. He decidido cambiar la portada de A Solas Contigo a petición de las lectoras. Espero que les guste y leer sus comentarios. ¿No has leído este spin off de Mía esta Noche? Te dejaré la sinopsis y enlace para que te animes a leerla. 



Tras el trágico accidente que le arrebató a su prometido y derrumbó todos sus sueños, Evelyn deberá luchar para seguir adelante a pesar del dolor y de su corazón roto. En medio de esa batalla, conoce al único hombre que ha logrado mover el piso bajo sus pies en mucho tiempo, Nathan Müller. Su aparición la impulsará a tomar la decisión que marcará un nuevo rumbo en su vida.
Dispuesto a todo por ella, Nathan enfrentará sus propios demonios y hará lo necesario para ganarse un lugar en su corazón.
De la autora de la Bilogía Mía, llega la primera entrega de una historia llena de emoción, pasión y erotismo.

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viernes, 18 de diciembre de 2020

diciembre 18, 2020

Atrapada en Navidad parte 7


Dos navidades más tarde

 

—¡Ya llegaron! —gritó Amy al ver a su tío ayudando a bajar a Kenzie de la minivan.

Esa navidad, ella no tuvo una razón para comprar un boleto a Hawái, tampoco el año anterior. Su vida cambió desde que tropezó con Gabriel en el aeropuerto dos años atrás; fue lo mejor que pudo pasarle a ambos. No, estoy equivocada. Lo mejor fue descubrir, esa mañana, que Kenzie estaba embarazada. Por eso Gabriel estaba empeñado en sostener su mano hasta llevarla a salvo a la seguridad del pórtico. Porque, por mucho que insistió para que no usara tacones altos, no pudo convencerla y todos sabemos lo que sucedió hace dos navidades, cuando intentó cruzar la entrada por sí sola.

—En algún momento tendrás que soltarme. ¿Sabes eso, Gabe? —esnifó disgustada. Desde que obtuvieron los resultados, insistía en seguirla como una sombra a todas partes y eso comenzaba a estresarla. No era como si viviera cayéndose en el suelo.

—Umm, no está en mis planes. Me echaré pegamento y me uniré a ti, si es preciso —Estaba bromeando—. Prometo dejarte libre cuando entremos a casa. 

—Espera, Gabriel —pidió, antes de cruzar la puerta. Él se detuvo y la miró a los ojos—. No puedo hacer esto.

—¿No puedes qué?

—No puedo decirle a todos que tendremos un hijo —contestó con tristeza.

—¿Por qué no? —preguntó, el miedo recorriendo sus venas como un veneno. No podría soportar otro rompimiento de corazón, no viniendo de ella.

—Pregúntame de nuevo, Gabriel.

—¿Por qué no, Mackenzie?

—No eso, la otra cosa.

Él tardó en comprenderlo, era difícil centrarse cuando temía lo peor, pero al final supo a qué pregunta se refería su novia.

—¡Oh! Quieres decir que…

—Sí, Gabriel —intervino. Desde que lo conoció, cada navidad había sido mejor que la anterior y decidió que era momento de dar un paso al frente y dejar el miedo atrás—. Quiero casarme contigo.

Él sonrió mientras que su corazón daba tumbos fuertes en su pecho, no podía creer que al fin aceptara. Unos meses atrás, hizo una gran cena, le compró un anillo y se inclinó sobre su rodilla para hacerle la pregunta, pero ella dijo no. Eso pudo suponer una ruptura para su relación, pero Mack enseguida aclaró que no se sentía lista. El fracaso de su primer matrimonio le hizo pensar que había otra maldición en torno a ello y temía que eso arruinara lo que tenían. Gabriel lo entendió y siguieron con su vida como si nada hubiera pasado, viviendo su historia de amor en una linda casa que compraron entre los límites de St. Paul y Austin. Pero ahora su felicidad estaría completa, Mackenzie se casaría con él y le daría su primer hijo. Esa, sin duda, sería la mejor navidad de todas. 


Fin. 


Gracias por llegar hasta aquí y leer.  Disfruté mucho reviviendo esta historia al releerla junto a ustedes. En enero vendré con nuevos relatos inéditos que prometo serán más largos. Felices fiestas a todos. Un abrazo. 


Si deseas que siga compartiendo relatos, deja un comentario 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

diciembre 16, 2020

Atrapada en Navidad parte 6


—Gracias, Gabriel. Esa fue la mejor cena de navidad que he comido en años —dijo, cuando se detuvieron frente a un pequeño hotel cercano al aeropuerto de Rochester. Se sintió muy a gusto con la familia Archer, todos fueron amables y atentos con ella—. Y gracias también por el abrigo.

—Sin problemas, como dije. Vamos, te acompañaré hasta la entrada —Se bajó del quitanieves, cargando la maleta de Mack, y lo rodeó para ayudarla a bajar.

Michelle le prestó calzado y ropa de invierno antes de que saliera de la casa Archer, su atuendo no era apropiado con el inminente frío del exterior.

—Bueno —dijo ella con un suspiro—, creo que este es el final del camino.

—Así parece —consintió él, sin poder dejar de mirar sus ojos marrones. La atracción hacia ella era innegable, siempre le gustó, desde mucho antes de que inventara aquel apodo; pero no estaba seguro de si intentar algo con Mack sería de algún provecho. Su vida y la suya eran distintas. Ella vivía en St. Paul, rodeada de lujos y cenas costosas. Él tenía una cabaña a las afueras de la ciudad y disfrutaba consumiendo comida chatarra frente a la televisión mientras se bebía una cerveza. Intentar algo con Mackenzie sería una estupidez y, quizás, doloroso si ella lo rechazaba, que era lo más probable.

—Entonces, ¿volverás a casa para esperar que Papá Noel baje por la chimenea? —bromeó ella. 

—Oh, creo que iré a casa a disfrazarme de Papá Noel para bajar por la chimenea —respondió, siguiéndole el juego—. No debí deshacerme de toda esa grasa, después de todo —añadió.

La sonrisa de Mackenzie desapareció. Seguía sintiéndose culpable por todo lo que le hizo en el pasado y, aunque quería decir de nuevo lo siento, se cohibió. Sabía que eso solo empeoraría las cosas.

—Gracias de nuevo, Gabriel. Me salvaste de pasar la noche en una dura silla y obtuve una muy buena comida caliente y deliciosa.

—Fue bueno verte, Mack —Se quedó mirándola como tarado, sin la voluntad suficiente para volver al quitanieves. No quería decir adiós—. Al carajo todo —murmuró y, en dos pasos, se acercó a ella y la besó.

Contrario a lo que él pensaba, Mack separó sus labios, dándole cabida a su lengua y fue más lejos incluso, rodeando su cuello con sus brazos y apretando su cuerpo menudo contra el suyo. Las manos de Gabriel bajaron lentamente por su espalda, aunque toda la ropa de invierno no le permitió un buen acceso de su piel, como él tanto ansiaba.

Envueltos en el calor de aquel beso, olvidaron que estaban frente a un hotel, ante la vista de todos. Ambos necesitaban ese tipo de afecto más que otra cosa. Sus corazones fueron heridos de manera similar y encontraron en aquel beso un verdadero alivio. Pero ¿qué significaba realmente lo que estaba pasando? ¿Qué sucedería cuando sus bocas se separan para tomar un respiro? Faltaba unos minutos para eso, ninguno estaba preocupado realmente por respirar.

—¡Vaya! —dijo ella cuando los labios de Gabriel se apartaron lentamente.

—Siempre tuvo razón —murmuró él.

—¿Quién? —replicó Kenzie.

—Tanía.

—¿Y ella es?

—Mi ex novia.

—Oh… uh… —pronunció con nerviosismo. Que el hombre que le había dado el mejor beso de su vida pensara en su ex era un mal indicio. Uno terrible.

—Oh, no. Quiero decir, tenía razón cuando dijo que ella no era la indicada para mí —aclaró con torpeza, lamentando después haber dicho aquello. En pocas palabras, asumió que Mackenzie era la indicada y ¿lo supo solo con besarla?  Mierda, sí. Jamás había sentido tanto besando a alguien.

—Encontré a mi esposo en la cama con otro hombre, en víspera de navidad de hace un año —dijo ella sin más. Él no había asimilado la primera frase, cuando agregó—: Dave arruinó mi navidad, pero tú me hiciste volver a creer, Gabriel.

—Entonces —dijo él, rodeando de nuevo su cintura con sus brazos—, quizás pueda hacer algo más para que esta sea inolvidable.

—Puedes hacerlo —consintió.

Pidieron una habitación y apenas entraron se entregaron a la pasión que sentían el uno por el otro.

Mackenzie renació debajo del calor de la piel de Gabriel; él la tocaba como jamás su esposo lo hizo y la miraba con una veneración tan intensa que estuvo a punto de llorar. A partir de esa noche, su vida cobró sentido. Gabriel era la pieza que había estado buscando, sin siquiera saberlo.

¿Y qué significó para él aquel encuentro pasional con Mackenzie? Descubrimiento, sí. Gabriel comprendió que, en lo profundo de su corazón, siempre la había amado.


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Mañana, lee el capítulo final. Gracias por leer


 

diciembre 16, 2020

Atrapada en Navidad parte 5


 —¿Por qué Hawái? —preguntó él, dándole un sorbo a su propia taza de chocolate. Una fina línea marrón quedó en su labio superior y rápidamente lo limpió con su lengua. Mackenzie tragó un nudo a través de su garganta, al preguntarse cómo sería besarlo. Sin embargo, fue capaz de responder a su interrogante sin que la voz le fallara.

—Tengo una gran cosa en contra de esta fecha y quería escapar de la festividad, pero aquí estoy, atrapada en navidad —una sonrisa adornó su comentario, para ocultar el motivo real de su rechazo al día en cuestión.

—Puedo intentar hacerte un camino hasta un hotel cercano, si quieres —propuso, escondiendo su desilusión detrás de otro sorbo de chocolate.

—¿En serio? ¿Harías eso por mí? —pregunto entusiasmada.

El rechazo golpeó fuerte el corazón de Gabriel. Esperaba un «No, gracias. Me gusta estar contigo». Eso le pasaba por idiota. ¿Acaso olvidó con quien estaba hablando?

—Sin problema —respondió—. Pero primero tienes que cenar. Mamá no te dejaría ir de casa sin que vivas la experiencia completa —sonrió.

—Oh, claro. Debo decir que mi estómago está más que dispuesto. No he comido nada desde hace horas; y que mi delgadez no te engañe, como mucho. Mi amiga Sarah me odia en secreto por eso. Ella dice que hasta el agua le engorda y vive midiendo las calorías que consume —Los ojos de Gabriel no podían apartar la mirada de la boca rosa y sensual de Mackenzie. Estaba tan absorto, que perdió el hilo del monólogo en el que se había internado Mack.

—Gabriel, ¿me estás escuchando? —preguntó al notar su mirada perdida.

—Sí, claro. Puedes repetir las veces que quieras.

—¡Tienen que besarse! —gritó Amy, provocando que ambos se estremecieran. Sus ojos estaban teniendo una sensual conversación.

—¡Amy! —pronunció su tío con un tono de reproche.

—Muérdago —señaló la pequeña. Ambos inclinaron la cabeza hacia atrás y vieron una rama colgante de hojitas verdes y bayas rojas. 

—No tienes que hacerlo —aclaró él al instante.

—Sí, sí tiene. Somos los Archer, tío Gabe. Cumplimos con las tradiciones. 

—Pero ella no y, además, sabes que no cree en la navidad —replicó disgustado. Las mejillas de Kenzie ardieron por la vergüenza. Gabriel estaba luchando muy duro por evitar aquel beso y, de alguna forma, eso la lastimó.

—Ella no dijo que no cree en la navidad, dijo que no la celebra —objetó Amy, de brazos cruzados.

Gabriel suspiró con fuerza y dejó caer los hombros. Amaba a su sobrina, pero, muchas veces, le gustaría tener un poder superior para controlarla.

—Uh, creo que alguien le tiene miedo a los besos bajo el muérdago —burló Mackenzie como un reto. Ella podía haber cambiado a través de los años, pero sus armas seductoras seguían afiladas.

—¡Eso no es verdad! —rebatió elevando el tono. Kenzie apartó la mirada y se reprochó haber dicho algo. ¿Qué pasaba por su cabeza? Ya no estaba en la secundaria y, por Dios, ¿cómo se atrevió a tentarlo delante de su sobrina?

Michelle, que estuvo atenta los últimos minutos, decidió que era buena hora de servir la cena, terminando así con la discusión del muérdago. 


 

lunes, 14 de diciembre de 2020

diciembre 14, 2020

Atrapada en Navidad parte 4


Kenzie se encontró mordiendo su labio inferior con fuerza y sintiendo una extraña calidez en su cuerpo, que se intensificó al sur.

Gabriel, por su parte, recorrió rápidamente el cuerpo esbelto de Mack, descubriendo que sus pechos eran más grandes de lo que recordaba. Sobresalían en el escote profundo que marcaba el vestido floreado que llevaba puesto. Pudo haberse operado, pensó. Y sin duda el deseo de descubrirlo de primera mano bulló en su interior.

—¿Te apetece una piña colada? —bromeó.

—No tengo más que de estos —señaló ella, tirando de la tela del vestido.

—Eso está bien —se aclaró la garganta al final, afectado todavía por el perfecto escote que ofrecía aquel modelito—. En casa hay calefacción y también una chimenea. Mientras nos mantengamos dentro… —profirió, tragando un grueso nudo en su garganta. ¡Dentro! Quería estar dentro de ella con una necesidad tan carnal que olvidó por un instante que la mujer que tenía delante jamás lo vería de esa forma.

—Gracias por todo, Gabriel. Soy consciente de que  soy la última persona que querrías traer aquí. Fui una completa perra en la secundaria —La vergüenza se marcó en sus mejillas al instante que sus ojos coincidieron con los de Gabriel. Algo extraño en ella, Mackenzie Hilmore jamás se amilanaba ante nadie.

—Sí, bueno. ¿Quién no hizo estupideces a esa edad? —dijo él, restándole importancia. Agregando además esa sonrisa que provocaba cosquillas en el estómago de Kenzie.

—Lo siento, de verdad. Dejé de ser esa chica hace muchos años —se excusó.

—Todos cambiamos —murmuró él bajando la cabeza. No supo por qué los ojos marrones de Mack lo intimidaron de esa forma. Tenía mucho tiempo sin sentirse vulnerable y odiaba que aquel sentimiento volviera a abordarlo—. Mi familia está ansiosa por conocerte, Amy no ha parado de hablar de ti. ¿Vamos?

—Eh, sí. Solo tengo que… el maquillaje y eso —balbuceó nerviosa.

—Entiendo. Te esperaré en el pasillo —dijo y salió enseguida.

Kenzie se dejó caer en el colchón sin entender porqué el corazón le latía tan deprisa. Ella no podía sentirse atraída por Gabriel, se reprochaba, pero sin duda eso no era algo que pudiera controlar con simples palabras.

Diez minutos después, estaba siendo abrazada por cada uno de los integrantes de la familia Archer. Los abuelos, padres, primos y hermanos de Gabriel, todos y cada uno la saludaron efusivamente y con una sonrisa animosa. Kenzie no estaba acostumbrada a aquellas demostraciones de afecto. Sus padres no eran muy demostrativos ni elocuentes. Un halago era sinónimo a un te quiero, así de simple. Ashely y ella eran otra cosa, su hermana era su mejor amiga y la única de los Hilmore que la abrazaba y le decía te amo sin reservas. Aquel pensamiento la llenó de nostalgia y lamentó no aceptar la oferta de su hermana de pasar la navidad con ella.

Gabriel no podía quitar los ojos de encima de Mack. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se sintió atraído por una mujer diferente a su ex novia Tanía, quien le rompió el corazón seis meses atrás. Se sentía frustrado de que fuera precisamente ella la que despertara sus emociones dormidas. No estaba listo para recibir otro rechazo y mucho menos de la misma chica que lo tomó como el blanco de sus burlas. Aunque ¿no se había disculpado minutos antes por su comportamiento? Gabriel pensó que era momento de olvidar todo aquello y comenzar de cero.

Kenzie estaba cerca de la chimenea, con una gran taza de chocolate caliente entre sus manos, mientras los familiares de Gabriel entonaban villancicos navideños sentados en el sofá. Sin mucho disimulo, hizo un recorrido visual de los portarretratos que reposaban sobre el borde de la chimenea. En uno, estaba Gabriel luciendo toga y birrete el día de su graduación. En el fondo, se dejaba ver el logo de Yale.

—Siento no haberte advertido —susurró Gabriel detrás de ella, provocando con su aliento cálido que los vellos de su nuca se erizaran.

—Tienes una hermosa familia, Gabriel —lo dijo manteniendo la mirada hacia las fotografías, no se atrevía a chocar con sus ojos y terminar ruborizada.

—No mientas, Mack. Están todos chiflados —bromeó—. Aunque esto no te queda mal—dijo, tocando la pompa blanca del gorro de navidad que, insistentemente, su madre Ruthie le instó a ponerse.

Finalmente, Kenzie se atrevió a mirarlo y lo que encontró en aquellas pupilas verdes grisáceas le hizo hervir la piel de una forma que ni el hombre que un día fue su esposo logró. Eso le hizo cuestionarse la verdadera razón por la que se casó con Dave. Quizás siempre estuvo deslumbrada por su encanto y el estatus social que él proveía, pero no había más que eso. 


diciembre 14, 2020

Atrapada en Navidad Parte 3

 


—Vamos, Mack —la invitó Amy, apoderándose del apodo que escuchó decir de la boca de su tío.

—¿No tenemos que esperar a Gabriel?

—¿Para qué? Quizás no vuelva en horas —respondió Amy con naturalidad.

¿Qué? Me invitó a su casa ¿y no va a volver?

Ocultó su conmoción detrás de una sonrisa nerviosa y siguió a la niña, lo más rápido que sus Manolos la dejaban avanzar. La entrada estaba llena de nieve y sus tacones se enterraban una y otra vez en ella, impidiéndole caminar con normalidad.

Michelle se mordió los labios para no romper en carcajadas al ver cómo la “invitada no deseada” maniobraba con sus pies sobre la nieve, al tiempo que sostenía su pesada maleta. Ella sabía que debía ofrecerle ayuda, pero estaba sacando partido de la situación. Solidaridad entre hermanos, lo llamarían algunos.

Amy, ajena a los planes de venganza, gritaba desde el pórtico, apurando a Kenzie. Ella le respondió que en breve la alcanzaba, que quería ver unos minutos la decoración exterior, pero en realidad quería estar sola unos segundos para tratar de devolver las lágrimas que escocían sus ojos. ¡Estaba cansada de la maldición de nochebuena!

La niña y su madre cruzaron la puerta de entrada, dejando a Kenzie sola, con sus pies enterrados diez centímetros debajo de la nieve y una maleta pesada a cuestas. Luchando por desenterrar sus tacones, Kenzie terminó cayéndose sobre su estómago con total torpeza.

No se movió por un par de minutos, demasiado cansada para luchar y muy avergonzada para intentar ponerse en pie.

—Oye, Mack. ¿Quieres morir congelada? Aquí afuera hay al menos -10º centígrados —dijo Gabe, desde algún punto detrás de ella. Kenzie apoyó sus manos en el suelo e intentó pararse, pero su cuerpo se había entumecido por el frío. Gabriel intervino y, no solo la ayudó a levantarse, sino que la cargó en sus brazos y caminó con ella hasta entrar a la calidez del hogar de sus padres.

—¡Oh Dios! ¿Estás bien? —preguntó Michelle, avergonzada. Se había olvidado de ella cuando entró a su casa, siguiendo el olor de las galletas recién horneadas de su mamá. Gabe le lanzó una mirada acusatoria a su hermana y ella apartó sus ojos de él.

Una cosa era disfrutar del rostro pálido de Mack al ver la festiva casa y otra permitir que muriera congelada. Gabe no era una mala persona y Michelle lo sabía.

—Estoy bien —contestó Mackenzie, aunque el temblor de su voz dijo otra cosa.

—Necesitas una ducha tibia, Mack. Te llevaré a mi vieja habitación para que tomes una.

—N-no ha-hace fa-falta.

—Oh, claro que irás. Busca su maleta, Michelle y llévala arriba —ordenó su hermano con el gesto endurecido. Michelle asintió y fue por ella.

La habitación de Gabriel era sencilla. Una cama individual, banderines de la universidad, en su caso Yale; uno que otro reconocimiento colgado en la pared, una cómoda, un closet, un baño y un escritorio con algunos libros.

Estaba sentada en su cama, con una toalla blanca envolviendo su delgado cuerpo, después de darse una ducha tibia. ¿Por qué no se había vestido? Porque su única ropa de invierno estaba completamente mojada. ¿Qué se suponía haría ahora? No tenía a quién decirle. Gabriel había salido de la habitación en cuanto le explicó cómo funcionaba la ducha y esas cosas.

—No puedes estar desnuda toda la noche, Kenzie —dijo, mientras buscaba un vestido en su maleta. No tenía más opción. Se puso uno floreado en tono amarillo, fucsia y verde, junto con unas sandalias blancas bajas. Un atuendo acorde para Hawái, pero no para Rochester y mucho menos para celebrar navidad con la familia de nadie.

—Mack, ¿ya estás lista? —preguntó él, tocando la puerta.

—Sí, pasa —lo invitó. Lentamente, la puerta se abrió y enseguida notó que Gabriel se había quitado el grueso abrigo de invierno y que una simple camiseta negra envolvía su torso, ahora musculoso. Ya no había más estómago grasiento, ni frenos o lentes de pasta. ¡Gabriel Archer no lucía más como el gordo nerd que recordaba! También se había afeitado la barba, dejando al descubierto una perfecta mandíbula cuadrada, lo que le restó al menos cinco años. ¡Era muy atractivo!

Sobre mi

AutoraSoy escritora de romance desde 2015 y me alegra mucho que estés aquí.
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