Atrapada en Navidad parte 6
—Gracias,
Gabriel. Esa fue la mejor cena de navidad que he comido en años —dijo, cuando
se detuvieron frente a un pequeño hotel cercano al aeropuerto de Rochester. Se
sintió muy a gusto con la familia Archer, todos fueron amables y atentos con
ella—. Y gracias también por el abrigo.
—Sin
problemas, como dije. Vamos, te acompañaré hasta la entrada —Se bajó del
quitanieves, cargando la maleta de Mack, y lo rodeó para ayudarla a bajar.
Michelle le
prestó calzado y ropa de invierno antes de que saliera de la casa Archer, su atuendo
no era apropiado con el inminente frío del exterior.
—Bueno —dijo
ella con un suspiro—, creo que este es el final del camino.
—Así parece
—consintió él, sin poder dejar de mirar sus ojos marrones. La atracción hacia
ella era innegable, siempre le gustó, desde mucho antes de que inventara aquel
apodo; pero no estaba seguro de si intentar algo con Mack sería de algún
provecho. Su vida y la suya eran distintas. Ella vivía en St. Paul, rodeada de
lujos y cenas costosas. Él tenía una cabaña a las afueras de la ciudad y disfrutaba
consumiendo comida chatarra frente a la televisión mientras se bebía una
cerveza. Intentar algo con Mackenzie sería una estupidez y, quizás, doloroso si
ella lo rechazaba, que era lo más probable.
—Entonces,
¿volverás a casa para esperar que Papá Noel baje por la chimenea? —bromeó
ella.
—Oh, creo
que iré a casa a disfrazarme de Papá Noel para bajar por la chimenea —respondió,
siguiéndole el juego—. No debí deshacerme de toda esa grasa, después de todo
—añadió.
La sonrisa
de Mackenzie desapareció. Seguía sintiéndose culpable por todo lo que le hizo
en el pasado y, aunque quería decir de nuevo lo siento, se cohibió. Sabía que
eso solo empeoraría las cosas.
—Gracias de
nuevo, Gabriel. Me salvaste de pasar la noche en una dura silla y obtuve una
muy buena comida caliente y deliciosa.
—Fue bueno
verte, Mack —Se quedó mirándola como tarado, sin la voluntad suficiente para
volver al quitanieves. No quería decir adiós—. Al carajo todo —murmuró y, en
dos pasos, se acercó a ella y la besó.
Contrario a
lo que él pensaba, Mack separó sus labios, dándole cabida a su lengua y fue más
lejos incluso, rodeando su cuello con sus brazos y apretando su cuerpo menudo
contra el suyo. Las manos de Gabriel bajaron lentamente por su espalda, aunque
toda la ropa de invierno no le permitió un buen acceso de su piel, como él
tanto ansiaba.
Envueltos en
el calor de aquel beso, olvidaron que estaban frente a un hotel, ante la vista
de todos. Ambos necesitaban ese tipo de afecto más que otra cosa. Sus corazones
fueron heridos de manera similar y encontraron en aquel beso un verdadero
alivio. Pero ¿qué significaba realmente lo que estaba pasando? ¿Qué sucedería
cuando sus bocas se separan para tomar un respiro? Faltaba unos minutos para
eso, ninguno estaba preocupado realmente por respirar.
—¡Vaya!
—dijo ella cuando los labios de Gabriel se apartaron lentamente.
—Siempre
tuvo razón —murmuró él.
—¿Quién?
—replicó Kenzie.
—Tanía.
—¿Y ella es?
—Mi ex
novia.
—Oh… uh…
—pronunció con nerviosismo. Que el hombre que le había dado el mejor beso de su
vida pensara en su ex era un mal indicio. Uno terrible.
—Oh, no.
Quiero decir, tenía razón cuando dijo que ella no era la indicada para mí
—aclaró con torpeza, lamentando después haber dicho aquello. En pocas palabras,
asumió que Mackenzie era la indicada y ¿lo supo solo con besarla? Mierda, sí. Jamás había sentido tanto besando
a alguien.
—Encontré a
mi esposo en la cama con otro hombre, en víspera de navidad de hace un año
—dijo ella sin más. Él no había asimilado la primera frase, cuando agregó—:
Dave arruinó mi navidad, pero tú me hiciste volver a creer, Gabriel.
—Entonces
—dijo él, rodeando de nuevo su cintura con sus brazos—, quizás pueda hacer algo
más para que esta sea inolvidable.
—Puedes
hacerlo —consintió.
Pidieron una
habitación y apenas entraron se entregaron a la pasión que sentían el uno por
el otro.
Mackenzie renació
debajo del calor de la piel de Gabriel; él la tocaba como jamás su esposo lo
hizo y la miraba con una veneración tan intensa que estuvo a punto de llorar. A
partir de esa noche, su vida cobró sentido. Gabriel era la pieza que había
estado buscando, sin siquiera saberlo.
¿Y qué significó para él aquel encuentro pasional con Mackenzie? Descubrimiento, sí. Gabriel comprendió que, en lo profundo de su corazón, siempre la había amado.
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Mañana, lee el capítulo final. Gracias por leer






Tan bellos lo que puede hacer el amor, obra milagros. Gracis hermosa me encanto falta lo mejor
ResponderEliminarSiii. Gracias por acompañarme
EliminarQue bonitoooo, que emocionante, hasta se me cayeron lagrimitas.
ResponderEliminarGracias por dejar que leamos tu magia😘😘😘
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