viernes, 11 de diciembre de 2020

Atrapada en Navidad

 


Mackenzie recuerda el momento que comenzó a odiar el día de navidad. No fue cuando descubrió que Papá Noel era una farsa publicitaria y que sus regalos no provenían del Polo Norte; tampoco fue ese año en el que Coco, su perro cocker spaniel, murió atropellado, cuando ella apenas tenía ocho años. Mucho menos esa noche, cuando escuchó a sus padres hablando de divorcio, justo después de que desenvolviera sus regalos. Fue la tarde que llegó a casa y encontró a su esposo follando con su decorador de interiores, Saul. ¡En su propia cama! De eso, hacía un año. «Deberías estar feliz, te quedaste con el apartamento, el auto deportivo y el cincuenta por ciento de su fortuna», le dijo su amiga Sarah. La mirada de odio que le lanzó Kenzie –como la llaman por cariño– fue tan letal que Sarah jamás volvió a comentar nada respecto al tema.

Kenzie tenía toda su vida planificada. Odiaba que las cosas se desviaran de su plan original y, que su esposo la engañara con un hombre, fue un duro golpe para su estructurada vida. A sus veintinueve años, creía tenerlo todo: amor, fortuna y una carrera profesional como editora de una revista de moda. Pero, en un parpadear, el amor pasó de ser un hecho a un papel con una sentencia de divorcio.

Sentada en la reconfortable silla de su oficina, meditó profundamente y llegó a la conclusión de que los sucesos más traumáticos de su infancia, y vida adulta, sucedieron en Diciembre, en la víspera de navidad. Pero este año no sería igual, dejaría atrás todo lo que le recordara aquel día festivo y se aseguraría de romper con el esquema que solo le dejaba malos recuerdos.

Con una taza de macchiato en su escritorio, traído a ella por Alaska, su secretaría, tecleó en la barra de Google “países donde no se celebra la navidad”. Le dio un sorbo a su café, deshaciendo la figura de un árbol que habían dibujado en la espuma, mientras leía el primer artículo titulado “Diez países donde no se celebra la navidad”. Las opciones no eran muy buenas: Japón, Nepal, Israel, Corea del Norte..., y otros países más, ubicados entre Oriente y Asia. Como aquel resultado no arrojó nada interesante, decidió tomar otro rumbo: “Hawái” Sí, iría ahí, se broncearía en la orilla de la playa y pasaría las horas entre tardes de spa y cócteles. Eso sería fantástico. Tenía años esperando la oportunidad de huir del frío glacial que envolvía a Rochester, Minnesota –la ciudad donde vivía– en esa época del año. Pero nunca podía porque cada año “el infiel Dave” –como llamaba a su ex esposo desde aquella terrible tarde– ofrecía una fiesta de navidad por todo lo alto, con villancicos, intercambios de regalos, una amplia variedad de comida y la más excepcional decoración, en la que no escatimaba en gastos, aceptando felizmente cada loca idea de Saul. Ahora sabía porqué nunca se quejaba y eso la hacía odiar aun más todo lo que incluyera decoración navideña: desde las guirnaldas hasta las estúpidas lucecitas centellantes.

Hizo la reservación en el mejor hotel de Hawái, con fecha de salida 24 de diciembre y de retorno, 29 del mismo mes. Sabía que su madre haría todo un tema si recibía el año nuevo fuera de casa.

Una semana después, su equipaje estaba listo, cargado con sexys bikinis, hermosos vestidos veraniegos, sandalias, bloqueador solar, gafas de sol, su inseparable computadora portátil, un par de libros y su iPod. Si algo más le hacía falta, lo conseguiría en alguna tienda local en Hawái.

—¿Estás segura que estarás bien allá, tú sola, sin comida caliente ni malvaviscos con chocolate?

—Sí, Ashley. Por undécima vez, sí —su hermana, menor por cinco años, no había hecho otra cosa que intentar persuadirla, pero Kenzie estaba determinada a huir de la maldición de la navidad y no había nada ni nadie que se lo pudiera impedir. 

—Todos los vuelos han sido cancelados a consecuencia de la fuerte nevada que azota la ciudad. Le pedimos disculpas y esperamos que en las próximas horas se reanuden los despegues —anunció una voz amable por los altavoces del Rochester International Airport.

—¡No! No, no, no. Tengo que llegar a Hawái. ¡No puedo quedarme en Rochester! —murmuró mientras caminaba a la taquilla del aeropuerto. Como ella, había cientos de pasajeros haciendo las mismas preguntas y rogando por una respuesta distinta a «Tenemos que esperar que pase la nevada».

De ninguna manera, podía volver a casa y quedar atrapada en los festejos que su madre celebraba con la misma emoción que su ex, con un acto ceremonial de colocar la estrella en el árbol incluido. ¡No! Ella volaría a Hawái cuando la nevada pasara. Se quedaría en la sala de espera hasta que los vuelos se reanudaran.

Cinco horas más tarde, la nevada seguía en su apogeo y la posibilidad de viajar a la isla, donde la esperaban tardes de sol y variedad de cócteles a la orilla del Pacifico, era nula. Tendría que conformarse con la habitación de un hotel, comidas en restaurantes locales y bebidas en un bar.

Rodó su maleta por el piso lustroso del aeropuerto, buscando la salida, y se encontró con otro gran problema: todas las calles estaban atestadas de nieve. ¡Estaba atrapada en el aeropuerto, en la noche de navidad!

—Debí salir una semana antes. ¡Sabía que este día estaba maldito! —refunfuñó mientras daba la vuelta para volver a la sala de espera. Estaba tan disgustada, que no puso cuidado alguno y tropezó contra un desconocido.

—Podrías encender las luces o quizás tocar el claxon antes de girar en “U” —bromeó aquel hombre que la reconoció cuando sus ojos se enfrentaron.

—¿Mackenzie Hilmore? —pronunció impresionado. De todas las mujeres que esperaba ver Gabriel ese día, Mackenzie jamás se cruzó por su cabeza. Habían pasado qué ¿doce años desde que se graduaron en la preparatoria?

—Sí, lo siento. Disculpa, estoy tratando de recordar de dónde te conozco, pero mi memoria ahora mismo no es muy buena —se excusó. El hombre alto, delgado, con una barba descuidada y ojos, entre grises y verdes, no le parecía familiar. Quizás si se quitara el gorro, la chaqueta y la bufanda…

—No tiene importancia quién soy. Adiós, Mack —dio unos pasos al frente, lamentando enseguida haber mencionado aquel apodo.

—¿Gacher? —preguntó detrás de él—. Pero si eras…

—El nerd obeso de la secundaria —concluyó él, enfrentándola de nuevo.

—Oh, no me refería a eso. Quise decir que…

—No hay problema. Realmente, nunca me molestó —dijo, mostrando una sonrisa sin frenos.

Mirándolo con más detenimiento, Kenzie recordó que siempre había pensando que tenía lindos ojos. Aunque jamás lo admitió ante nadie. Ella era la chica popular, por la que todos los chicos babeaban, la líder de porristas y la perra más grande de toda la secundaría. También fue la que le dio el apodo de Gacher, uniendo Gabriel y Archer, su apellido. Porque pensaba que era más corto y combinable con frases como “Grasiento Gacher”. Recordar eso ruborizó sus mejillas. Había dejado de ser esa chica hacía muchos años, pero él no lo sabía.


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15 comentarios:

  1. Ah esto sí que será interesante se encontró con un ex compañero aunque por lo que veo le trato mal haber como se dan las cosas entre ellos dos. Está muy buena

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  2. Huy no súper interesante ya quiero leerla toda el suspenso me mata ya quiero imaginarme más el verdadero hombre detrás de ese nerd

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    1. gracias por leer y comentar. Ya dejo lo que sigue. Perdonen el retraso

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  3. Huy no súper interesante ya quiero leerla toda el suspenso me mata ya quiero imaginarme más el verdadero hombre detrás de ese nerd

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  4. Huy no súper interesante ya quiero leerla toda el suspenso me mata ya quiero imaginarme más el verdadero hombre detrás de ese nerd

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  5. Bendecida tarde Flor...maravillada con este primer capitulo.

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  6. Bendecida tarde Flor...maravillada con este primer capitulo.

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  7. Bendecida tarde Flor...maravillada con este primer capitulo.

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  8. Me parece que aquí habrá tema.
    Esta genial. Me encanta, ya me enganchó.
    👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼

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  9. Yo quisiera una navidad asi en Hawaii pero ni a ella se le hace, asi que ni que decir.

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  10. Me a gustado mucho este inicio mas por que no los mucho de navidad ajaja pero que feo el porque a ella no le gustan estas fechas.

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Sobre mi

AutoraSoy escritora de romance desde 2015 y me alegra mucho que estés aquí.
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