Atrapada en Navidad
Mackenzie
recuerda el momento que comenzó a odiar el día de navidad. No fue cuando
descubrió que Papá Noel era una farsa publicitaria y que sus regalos no
provenían del Polo Norte; tampoco fue ese año en el que Coco, su perro cocker
spaniel, murió atropellado, cuando ella apenas tenía ocho años. Mucho menos esa
noche, cuando escuchó a sus padres hablando de divorcio, justo después de que
desenvolviera sus regalos. Fue la tarde que llegó a casa y encontró a su esposo
follando con su decorador de interiores, Saul. ¡En su propia cama! De eso,
hacía un año. «Deberías estar feliz, te quedaste con el apartamento, el auto
deportivo y el cincuenta por ciento de su fortuna», le dijo su amiga Sarah. La
mirada de odio que le lanzó Kenzie –como la llaman por cariño– fue tan letal
que Sarah jamás volvió a comentar nada respecto al tema.
Kenzie tenía
toda su vida planificada. Odiaba que las cosas se desviaran de su plan original
y, que su esposo la engañara con un hombre, fue un duro golpe para su
estructurada vida. A sus veintinueve años, creía tenerlo todo: amor, fortuna y
una carrera profesional como editora de una revista de moda. Pero, en un
parpadear, el amor pasó de ser un hecho a un papel con una sentencia de
divorcio.
Sentada en
la reconfortable silla de su oficina, meditó profundamente y llegó a la
conclusión de que los sucesos más traumáticos de su infancia, y vida adulta,
sucedieron en Diciembre, en la víspera de navidad. Pero este año no sería
igual, dejaría atrás todo lo que le recordara aquel día festivo y se aseguraría
de romper con el esquema que solo le dejaba malos recuerdos.
Con una taza
de macchiato en su escritorio, traído a ella por Alaska, su secretaría, tecleó
en la barra de Google “países donde no se celebra la navidad”. Le dio un sorbo
a su café, deshaciendo la figura de un árbol que habían dibujado en la espuma,
mientras leía el primer artículo titulado “Diez países donde no se celebra la
navidad”. Las opciones no eran muy buenas: Japón, Nepal, Israel, Corea del
Norte..., y otros países más, ubicados entre Oriente y Asia. Como aquel
resultado no arrojó nada interesante, decidió tomar otro rumbo: “Hawái” Sí,
iría ahí, se broncearía en la orilla de la playa y pasaría las horas entre
tardes de spa y cócteles. Eso sería fantástico. Tenía años esperando la
oportunidad de huir del frío glacial que envolvía a Rochester, Minnesota –la
ciudad donde vivía– en esa época del año. Pero nunca podía porque cada año “el
infiel Dave” –como llamaba a su ex esposo desde aquella terrible tarde– ofrecía
una fiesta de navidad por todo lo alto, con villancicos, intercambios de
regalos, una amplia variedad de comida y la más excepcional decoración, en la
que no escatimaba en gastos, aceptando felizmente cada loca idea de Saul. Ahora
sabía porqué nunca se quejaba y eso la hacía odiar aun más todo lo que
incluyera decoración navideña: desde las guirnaldas hasta las estúpidas
lucecitas centellantes.
Hizo la
reservación en el mejor hotel de Hawái, con fecha de salida 24 de diciembre y
de retorno, 29 del mismo mes. Sabía que su madre haría todo un tema si recibía
el año nuevo fuera de casa.
Una semana
después, su equipaje estaba listo, cargado con sexys bikinis, hermosos vestidos
veraniegos, sandalias, bloqueador solar, gafas de sol, su inseparable
computadora portátil, un par de libros y su iPod. Si algo más le hacía falta,
lo conseguiría en alguna tienda local en Hawái.
—¿Estás
segura que estarás bien allá, tú sola, sin comida caliente ni malvaviscos con
chocolate?
—Sí, Ashley.
Por undécima vez, sí —su hermana, menor por cinco años, no había hecho otra
cosa que intentar persuadirla, pero Kenzie estaba determinada a huir de la
maldición de la navidad y no había nada ni nadie que se lo pudiera
impedir.
—Todos los
vuelos han sido cancelados a consecuencia de la fuerte nevada que azota la
ciudad. Le pedimos disculpas y esperamos que en las próximas horas se reanuden
los despegues —anunció una voz amable por los altavoces del Rochester International Airport.
—¡No! No,
no, no. Tengo que llegar a Hawái. ¡No puedo quedarme en Rochester! —murmuró
mientras caminaba a la taquilla del aeropuerto. Como ella, había cientos de
pasajeros haciendo las mismas preguntas y rogando por una respuesta distinta a
«Tenemos que esperar que pase la nevada».
De ninguna
manera, podía volver a casa y quedar atrapada en los festejos que su madre
celebraba con la misma emoción que su ex, con un acto ceremonial de colocar la
estrella en el árbol incluido. ¡No! Ella volaría a Hawái cuando la nevada
pasara. Se quedaría en la sala de espera hasta que los vuelos se reanudaran.
Cinco horas
más tarde, la nevada seguía en su apogeo y la posibilidad de viajar a la isla,
donde la esperaban tardes de sol y variedad de cócteles a la orilla del
Pacifico, era nula. Tendría que conformarse con la habitación de un hotel,
comidas en restaurantes locales y bebidas en un bar.
Rodó su
maleta por el piso lustroso del aeropuerto, buscando la salida, y se encontró
con otro gran problema: todas las calles estaban atestadas de nieve. ¡Estaba
atrapada en el aeropuerto, en la noche de navidad!
—Debí salir
una semana antes. ¡Sabía que este día estaba maldito! —refunfuñó mientras daba
la vuelta para volver a la sala de espera. Estaba tan disgustada, que no puso
cuidado alguno y tropezó contra un desconocido.
—Podrías
encender las luces o quizás tocar el claxon antes de girar en “U” —bromeó aquel
hombre que la reconoció cuando sus ojos se enfrentaron.
—¿Mackenzie
Hilmore? —pronunció impresionado. De todas las mujeres que esperaba ver Gabriel
ese día, Mackenzie jamás se cruzó por su cabeza. Habían pasado qué ¿doce años
desde que se graduaron en la preparatoria?
—Sí, lo
siento. Disculpa, estoy tratando de recordar de dónde te conozco, pero mi
memoria ahora mismo no es muy buena —se excusó. El hombre alto, delgado, con
una barba descuidada y ojos, entre grises y verdes, no le parecía familiar.
Quizás si se quitara el gorro, la chaqueta y la bufanda…
—No tiene
importancia quién soy. Adiós, Mack —dio unos pasos al frente, lamentando
enseguida haber mencionado aquel apodo.
—¿Gacher?
—preguntó detrás de él—. Pero si eras…
—El nerd
obeso de la secundaria —concluyó él, enfrentándola de nuevo.
—Oh, no me
refería a eso. Quise decir que…
—No hay
problema. Realmente, nunca me molestó —dijo, mostrando una sonrisa sin frenos.
Mirándolo con más detenimiento, Kenzie recordó que siempre había pensando que tenía lindos ojos. Aunque jamás lo admitió ante nadie. Ella era la chica popular, por la que todos los chicos babeaban, la líder de porristas y la perra más grande de toda la secundaría. También fue la que le dio el apodo de Gacher, uniendo Gabriel y Archer, su apellido. Porque pensaba que era más corto y combinable con frases como “Grasiento Gacher”. Recordar eso ruborizó sus mejillas. Había dejado de ser esa chica hacía muchos años, pero él no lo sabía.
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Ah esto sí que será interesante se encontró con un ex compañero aunque por lo que veo le trato mal haber como se dan las cosas entre ellos dos. Está muy buena
ResponderEliminargracias por comentar. Ya subo lo que sigue
EliminarHuy no súper interesante ya quiero leerla toda el suspenso me mata ya quiero imaginarme más el verdadero hombre detrás de ese nerd
ResponderEliminargracias por leer y comentar. Ya dejo lo que sigue. Perdonen el retraso
EliminarHuy no súper interesante ya quiero leerla toda el suspenso me mata ya quiero imaginarme más el verdadero hombre detrás de ese nerd
ResponderEliminarHuy no súper interesante ya quiero leerla toda el suspenso me mata ya quiero imaginarme más el verdadero hombre detrás de ese nerd
ResponderEliminarBendecida tarde Flor...maravillada con este primer capitulo.
ResponderEliminarBendecida tarde Flor...maravillada con este primer capitulo.
ResponderEliminargracias por leer
EliminarBendecida tarde Flor...maravillada con este primer capitulo.
ResponderEliminarMe parece que aquí habrá tema.
ResponderEliminarEsta genial. Me encanta, ya me enganchó.
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼
gracias por leer
Eliminar😍 gracias por leer
ResponderEliminarYo quisiera una navidad asi en Hawaii pero ni a ella se le hace, asi que ni que decir.
ResponderEliminarMe a gustado mucho este inicio mas por que no los mucho de navidad ajaja pero que feo el porque a ella no le gustan estas fechas.
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