miércoles, 16 de diciembre de 2020

Atrapada en Navidad parte 6


—Gracias, Gabriel. Esa fue la mejor cena de navidad que he comido en años —dijo, cuando se detuvieron frente a un pequeño hotel cercano al aeropuerto de Rochester. Se sintió muy a gusto con la familia Archer, todos fueron amables y atentos con ella—. Y gracias también por el abrigo.

—Sin problemas, como dije. Vamos, te acompañaré hasta la entrada —Se bajó del quitanieves, cargando la maleta de Mack, y lo rodeó para ayudarla a bajar.

Michelle le prestó calzado y ropa de invierno antes de que saliera de la casa Archer, su atuendo no era apropiado con el inminente frío del exterior.

—Bueno —dijo ella con un suspiro—, creo que este es el final del camino.

—Así parece —consintió él, sin poder dejar de mirar sus ojos marrones. La atracción hacia ella era innegable, siempre le gustó, desde mucho antes de que inventara aquel apodo; pero no estaba seguro de si intentar algo con Mack sería de algún provecho. Su vida y la suya eran distintas. Ella vivía en St. Paul, rodeada de lujos y cenas costosas. Él tenía una cabaña a las afueras de la ciudad y disfrutaba consumiendo comida chatarra frente a la televisión mientras se bebía una cerveza. Intentar algo con Mackenzie sería una estupidez y, quizás, doloroso si ella lo rechazaba, que era lo más probable.

—Entonces, ¿volverás a casa para esperar que Papá Noel baje por la chimenea? —bromeó ella. 

—Oh, creo que iré a casa a disfrazarme de Papá Noel para bajar por la chimenea —respondió, siguiéndole el juego—. No debí deshacerme de toda esa grasa, después de todo —añadió.

La sonrisa de Mackenzie desapareció. Seguía sintiéndose culpable por todo lo que le hizo en el pasado y, aunque quería decir de nuevo lo siento, se cohibió. Sabía que eso solo empeoraría las cosas.

—Gracias de nuevo, Gabriel. Me salvaste de pasar la noche en una dura silla y obtuve una muy buena comida caliente y deliciosa.

—Fue bueno verte, Mack —Se quedó mirándola como tarado, sin la voluntad suficiente para volver al quitanieves. No quería decir adiós—. Al carajo todo —murmuró y, en dos pasos, se acercó a ella y la besó.

Contrario a lo que él pensaba, Mack separó sus labios, dándole cabida a su lengua y fue más lejos incluso, rodeando su cuello con sus brazos y apretando su cuerpo menudo contra el suyo. Las manos de Gabriel bajaron lentamente por su espalda, aunque toda la ropa de invierno no le permitió un buen acceso de su piel, como él tanto ansiaba.

Envueltos en el calor de aquel beso, olvidaron que estaban frente a un hotel, ante la vista de todos. Ambos necesitaban ese tipo de afecto más que otra cosa. Sus corazones fueron heridos de manera similar y encontraron en aquel beso un verdadero alivio. Pero ¿qué significaba realmente lo que estaba pasando? ¿Qué sucedería cuando sus bocas se separan para tomar un respiro? Faltaba unos minutos para eso, ninguno estaba preocupado realmente por respirar.

—¡Vaya! —dijo ella cuando los labios de Gabriel se apartaron lentamente.

—Siempre tuvo razón —murmuró él.

—¿Quién? —replicó Kenzie.

—Tanía.

—¿Y ella es?

—Mi ex novia.

—Oh… uh… —pronunció con nerviosismo. Que el hombre que le había dado el mejor beso de su vida pensara en su ex era un mal indicio. Uno terrible.

—Oh, no. Quiero decir, tenía razón cuando dijo que ella no era la indicada para mí —aclaró con torpeza, lamentando después haber dicho aquello. En pocas palabras, asumió que Mackenzie era la indicada y ¿lo supo solo con besarla?  Mierda, sí. Jamás había sentido tanto besando a alguien.

—Encontré a mi esposo en la cama con otro hombre, en víspera de navidad de hace un año —dijo ella sin más. Él no había asimilado la primera frase, cuando agregó—: Dave arruinó mi navidad, pero tú me hiciste volver a creer, Gabriel.

—Entonces —dijo él, rodeando de nuevo su cintura con sus brazos—, quizás pueda hacer algo más para que esta sea inolvidable.

—Puedes hacerlo —consintió.

Pidieron una habitación y apenas entraron se entregaron a la pasión que sentían el uno por el otro.

Mackenzie renació debajo del calor de la piel de Gabriel; él la tocaba como jamás su esposo lo hizo y la miraba con una veneración tan intensa que estuvo a punto de llorar. A partir de esa noche, su vida cobró sentido. Gabriel era la pieza que había estado buscando, sin siquiera saberlo.

¿Y qué significó para él aquel encuentro pasional con Mackenzie? Descubrimiento, sí. Gabriel comprendió que, en lo profundo de su corazón, siempre la había amado.


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Mañana, lee el capítulo final. Gracias por leer


 

4 comentarios:

  1. Tan bellos lo que puede hacer el amor, obra milagros. Gracis hermosa me encanto falta lo mejor

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  2. Que bonitoooo, que emocionante, hasta se me cayeron lagrimitas.
    Gracias por dejar que leamos tu magia😘😘😘

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Sobre mi

AutoraSoy escritora de romance desde 2015 y me alegra mucho que estés aquí.
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